lunes, 1 de febrero de 2010

El primer día del resto de mi vida



Y después de toda esa historia llegó el 28 de enero del 2010... el primer día del resto de mi vida. Y gracias a Dios solo cosas buenas tengo que decir de ese día.

Desde el clima, todo salió bien. Para ser enero, y luego de días oscuros, con lluvia y hasta nieve, ese jueves hizo un clima estupendo. Temperatura fresca pero no fría, cielo despejado, y un brillante sol en las alturas. Aunque creo que Sanjay no estaría tan de acuerdo en que ese sol fuera bueno, porque salió en las primeras fotos con una cara por el sol, que parecía que iba a la horca :p. Pobre, es que sus ojos están recién operados y aún son muy sensibles. Pero para mí el día así estaba genial.

La mañana nos la tomamos tranquilos, como cualquier otro día. Pero ya llegado el mediodía nos agarraron los nervios, más porque la familia se tardaba en llegar, y teníamos las camisas arrugadas. Puede que ahora hasta cocinemos, pero la plancha sí es algo que en esta casa no se ni en fotografía. Pero por dicha llegaron a tiempo, y así en carrerita nos alistamos.

A las dos en punto estábamos en el Juzgado de Paz. Era un poco heterogéneo el espectáculo, porque había otras parejas esperando a casarse también, y había de todo un poco: españoles, marroquíes, y con nosotros hasta latinos e indios :p. La espera fue corta, y pasamos los dos con los testigos (los suegros), y los camarógrafos improvisados (el cuñado y el primo).


La anécdota fue que la pareja anterior a nosotros firmó en nuestros espacios cuando se casaron, así que tuvieron que llenar de nuevo los datos nuestros en otro lugar. Si serán tarados!, cómo firma uno su matrimonio con el nombre de otro?! jejeje. Pero bueno, fue rápido, y procedió el Señor Juez a lo que vinimos. Nos leyó tres artículos de la ley, intercambiamos los anillos - al hacerlo dijimos unas palabras para encomendar en manos de Dios nuestra unión - y firmamos todos. Y listo! estábamos casados! :) Aunque es algo simbólico en realidad, porque una unión de verdadero amor va más allá de todo trámite y rito, en mi interior sentí como si algo cambió; ahora era todo más real. La espera de una vida se resumía en ese momento, y ahora todo tenía un sentido y un valor que llevó hasta ahí.

Llegó la hora de celebrar. Fotos, felicitaciones, y todos para el restaurante. Aquí se acostumbra hacer una comida o cena grande en un restaurante para celebrar las bodas. En nuestro caso éramos pocos, pero habíamos conseguido un lindo restaurante, con un delicioso menú, y que nos dejaban todo un salón para nosotros, así que era más privado el asunto. Por lo menos la única queja de los invitados fue que era demasiada comida, como digo yo siempre, mejor que sobre y no que falte :p En mi caso nada sobró claro, todo me lo comí (para variar). Les contaría del menú, pero como yo para nombres de platos - y menos los de aquí - no entiendo nada, pues no los recuerdo. Era comida estilo vasco, osea mucha carne, y el plato principal que yo comí le llaman "Secreto", que es una parte del cerdo. Delicioso!


Todos la pasamos muy bien, hubo brindis, discursos (ya saben que tarde o temprano yo me lanzo a hablar :p), cantos, poesías, partimos la tarta (no queque), y por supuesto muchas fotos. Ahora, la calidad de las fotos es otra cosa, porque algunos quedamos con unas caritas, que no sea bárbaro! Pero es que siempre lo agarran a uno en el peor momento. Por supuesto ustedes solo verán las no censuradas jejeje. Por ahora solo tenemos las más improvisadas, unos amigos de Sanjay llevaron una cámara de fotos y otra de videos de verdadera calidad, así que esperamos ver otras mejores luego.


La verdad la pasé excelente. Estuvimos los dos muy felices, y sobre todo hubo mucho amor y respeto en todo momento. Para mí la familia de Sanjay es un ejemplo de que el amor por nuestros familiares va más allá de cualquier circunstancia. Ahí nadie criticó, nadie se burló, nadie ofendió, todos los disfrutamos como el día más importante en la vida de dos personas que se aman. No todo el mundo puede decir que pueda celebrar una historia como la nuestra con tantas muestras de cariño y respeto.

Los abuelos hicieron un gran esfuerzo por venir de Pamplona a celebrar, y eso es algo invalorable. Los tíos solo buenos deseos tenían para nosotros. El primo y el cuñado disfrutaron haciendo sus travesuras. Los amigos que nos acompañaron se diviertieron a nuestro lado. Y los suegros me dieron la bienvenida a su familia oficialmente como lo han hecho desde el primer día que los conocí, con mucho cariño. Eso para mí es el regalo más grande, porque lejos de mi familia y amigos, encontrar aquí gente que me ofrece amor tan sincero solo me da felicidad.

Y en resúmen así fue el gran día, un sueño de esos que son solo fantasía, pero que se convirtió en una realidad...

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